El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) llega al proceso electoral de 2027 con una posición política y territorial considerablemente distinta a la que tenía hace una década. Su alianza con Morena le ha permitido ampliar su presencia legislativa y obtener espacios relevantes en la definición de candidaturas para las 17 gubernaturas que estarán en disputa el próximo año.
El avance del Verde es particularmente visible al comparar su posición en 2018 con la actual. En aquel año, el partido obtuvo 4.78 por ciento de la votación federal, mientras que en 2024, dentro de la coalición con Morena y el PT, alcanzó una participación electoral mucho mayor y consiguió una bancada de 62 diputados federales y 14 senadores.
El crecimiento también se ha reflejado en el ámbito local. De acuerdo con los datos citados en distintos balances sobre el partido, el PVEM ha incrementado el número de municipios bajo gobiernos emanados de sus filas o alianzas.
Pero quizá el indicador más visible de su nuevo peso político está en la negociación de las candidaturas rumbo a 2027.
El Verde gana posiciones rumbo a 2027
De las 17 gubernaturas que estarán en juego, el PVEM logró colocar perfiles vinculados con el partido en tres de las definiciones de la coalición encabezada por Morena: Nayarit, Quintana Roo y Baja California Sur.
En Nayarit, la senadora Jasmine Bugarín fue designada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Su nombramiento la coloca como el perfil del Verde para encabezar la competencia de la coalición rumbo a la gubernatura.
En Quintana Roo, el senador Eugenio “Gino” Segura fue seleccionado como coordinador estatal. El político es identificado con el PVEM y mantiene vínculos con el grupo político que encabeza Jorge Emilio González Martínez.
En Baja California Sur, el PVEM obtuvo la nominación con Manuel Cota Cárdenas, diputado federal identificado con ese partido, quien fue designado coordinador estatal de la 4T.
El caso de San Luis Potosí presenta una ruta diferente. Morena designó a Elí César Cervantes, mientras que el PVEM mantiene la posibilidad de competir por separado con la senadora Ruth González Silva, esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo.
De esta manera, más que hablar de cuatro gubernaturas ya ganadas o formalmente entregadas al Verde, el escenario actual permite hablar de tres posiciones claramente vinculadas al PVEM dentro de las definiciones de la 4T y una cuarta disputa potencial en San Luis Potosí.
De partido señalado por Morena a aliado estratégico
La relación entre Morena y el Partido Verde también representa un cambio político significativo.
Antes de convertirse en aliados electorales, ambos partidos mantuvieron diferencias y críticas públicas. Con la consolidación de la coalición de la 4T, el PVEM se convirtió en uno de los principales aliados legislativos de Morena.
El crecimiento de su bancada le ha otorgado capacidad de negociación dentro del Congreso, particularmente en aquellas votaciones que requieren mayorías calificadas.
Por ello, la relación Morena-PVEM ya no puede entenderse únicamente como una alianza electoral. También representa una negociación permanente por espacios políticos, candidaturas y posiciones dentro de los gobiernos estatales y del Congreso.
Jorge Emilio González, una figura central
Detrás de buena parte de la estrategia política del Verde aparece Jorge Emilio González Martínez, conocido como el “Niño Verde”, quien durante años ha sido una de las figuras centrales de la dirigencia política del partido.
El crecimiento de la influencia del PVEM dentro de la coalición oficialista ha colocado nuevamente a González Martínez en el centro de las negociaciones políticas rumbo a 2027.
El propio Verde ha planteado desde meses atrás que su peso electoral y legislativo debe traducirse en espacios para sus candidatos. En marzo, su coordinador en el Senado, Manuel Velasco, dio a conocer una lista de aspirantes del partido y pidió que fueran considerados en las encuestas de Morena.
Un partido pequeño con capacidad de negociación
El fenómeno político del PVEM resulta particularmente relevante porque su peso institucional no depende únicamente de su porcentaje de votación.
Su capacidad de negociación proviene también de su posición dentro de la coalición gobernante y de los escaños que aporta en el Congreso.
El proceso de selección de candidaturas para 2027 volvió a demostrarlo: mientras Morena conserva la mayoría de las posiciones, el Verde consiguió colocar perfiles propios en estados estratégicos como Nayarit, Quintana Roo y Baja California Sur.
El resultado es una situación política distinta a la de 2018: el PVEM pasó de ser un partido con una presencia electoral relativamente limitada a convertirse en un aliado con capacidad para negociar candidaturas, posiciones legislativas y espacios de gobierno.
La elección de 2027 será, finalmente, la prueba en las urnas de cuánto de ese poder de negociación puede convertirse en poder territorial efectivo.
Por ahora, el dato político es claro: el Partido Verde llega a la elección de 2027 con una influencia dentro de la 4T que hace algunos años difícilmente podía imaginarse.
