REDACCIÓN
El nombramiento de Citlalli Hernández Mora al frente de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena no solo redefine la estrategia electoral del partido, también impacta directamente en el escenario político rumbo a 2027, particularmente en perfiles como el de Jasmín Bugarín.
La lectura es clara: además de la cercanía política entre ambas, la nueva posición de Hernández le otorga un papel clave en la definición de candidaturas y en la negociación de la coalición con el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México. Tener interlocución directa en ese nivel se traduce en peso político.
A ello se suma el control que tendrá en la construcción de acuerdos y en la ruta de las gubernaturas, donde se privilegiarán perfiles competitivos y de unidad. En ese contexto, Bugarín aparece como una figura que cumple con esas condiciones: posicionamiento, estructura y viabilidad dentro de la coalición.
Más allá de afinidades, la designación de Hernández abre un escenario donde la objetividad en las decisiones y el equilibrio entre fuerzas aliadas serán determinantes, colocando desde ahora piezas clave en el tablero político de Nayarit rumbo a la elección de 2027.
